"Frustra fit per plura quod potest fieri per pauciora. (Es inútil hacer con más lo que se puede hacer con menos" Guillermo de Ockham, Summa Totius Logicae, i. 12
Capítulo 1: Sui facti
Se despertó como cada día pero ya nada era igual. Su cama medía exactamente lo mismo, el hueco de ausencia junto a su brazo seguía perenne e invariable pero la sensación de hastío y soledad había dejado de estar anclada dentro de él. El espacio vacío era ya solo físico.
Poco a poco fue tomando consciencia del día, se levantó trastabillado intentando atinar a la primera al introducir sus pies en las raídas zapatillas, consiguió en el último tropezón llegar hasta el interruptor y quedó sorprendido con la aparición de su reflejo en el cristal con la repentina iluminación. Poco o nada había cambiado en las últimas horas, pero su reflejo ya no era el mismo. Su alborotado pelo y su irónica sonrisa seguían ahí, pero ya no transmitían la oscuridad y pesadez anteriores. Se sintió extraño, y recurrió a su pequeño ritual para recordar que era él: se deslizó en medio del estupor propio hasta la cocina, calentó un café de batalla y encendió el primer cigarrillo del día. Ahora era persona.
En su cabeza las nebulosas empezaron a dibujar una idea más concreta, realmente esto no era cosa de un día; nada aparece o desaparece mágicamente, pero el toque de atención llega de golpe. La certeza de un nuevo enfoque se crea a partir de las acciones propias (racionales o no) que con el tiempo, decisiones y golpes de "suerte" adecuados destierran cualquier costumbre y enarbolan el cambio.
-¡Su puta madre!-gritó al quemarse con la desgastada cafetera.-Al menos sigo tan torpe como de costumbre.
Recogió como pudo el pequeño desastre matutino, se duchó (incluso los personajes literarios tienen la manía de oler bien) y entró en el pequeño despacho dispuesto a hacer aquello que mejor se le daba y últimamente se le había negado: escribir.
Al entrar en la habitación le inundó el olor mentolado del inciensario de madera, recuerdo de un antiguo viaje...con nombre y apellidos. Observó atónito que sin haber desaparecido nada, realmente nada estaba donde él lo dejó. Creyendo que se debería a una de sus múltiples borracheras y consiguientes resacas, lo dejó en incognitá, untó la pluma en tinta y comenzó a escribir:
"Esclavos, limitados... nos llamaron de mil maneras durante años, décadas e incluso siglos, y muchos aún siguen sin saberlo. Nos lo llamaban y con razón pues nos entregamos a un bien mayor sin necesitarlo, regalamos nuestros bienes más preciados (los sentimientos) por un poco más de cualquier cosa, y finalmente nos creímos el cuento.
Cambiamos la alegría por ideas, las ideas por trabajo, el trabajo por dinero y el dinero por lo que fuera.
Esclavos... esclavos de nosotros mismos, prescindimos de nosotros para poder seguir creciendo y no reparamos en que el árbol no aguantaba más frutos, entonces nos quebramos y apelamos al único derecho inherento al que no renunciamos: la queja y ligada a ésta, la amargura.
Amargura y queja por la infelicidad a la que nosotros nos entregamos, sin ninguna pistola en la cabeza, sin más razón que la ambición intrínseca, la competición brutal (tan siquiera animal) y la falsa creencia de que más es mejor. Incapaces, nos rebelamos entre nosotros y no ante nosotros, nos alejamos de los demás por temor a la debilidad sin caer en la cuenta de que era la soledad la que nos minaba las fuerzas. Crecímos como pequeños "Gilitos" amasando falsas fortunas materiales y rehusando cualquier bien sentimental. Nuestros padres son Pokémons, nuestros amigos Power Rangers y nosotros no somos más que tristes Smeagols, propugnando por un tesoro que nos corrompe y si quiera existe.
El mundo está cambiando, esa es nuestra esperanza. Las señales siempre fueron visibles pero aprendimos a cegarnos para no defraudarnos a nosotros mismos. Somos dueños de nuestro pasado, presente y futuro pero el primero es inamovible y el tercero está en tinieblas, es hora de que elijamos nuestro presente, de que decidamos nuestra vida. Tiempo de la caída de caretas, máscaras y antifaces. Hora de abrir la mente a los anticiclones de la realidad, ésa a la que tantas veces dimos la espalda. En el fondo todos somos muy simples, no hay riquezas ni pobrezas sino personales, y nos encargamos de devaluar nuestras verdaderas monedas nombrándolas como peligrosas e inaccesibles (Amor y Comprensión). Es hora de chantajear a nuestros Euros, Dólares o Yenes. Momento de invertir en algo más allá que en nuestro epitafio hipotecario.
Estamos despertando, pero hay que desperezarse...quitarse las legañas y elegir la vida. Es nuestro turno y toca mover ficha. En definitiva, la vida es para los que se atreven y ya estamos todos en la casilla de salida.
Renunciémos al exceso, aprovechemos las pocas certezas que tenemos y vivamos con lo necesario. Es inútil y casi delito pensar que con más de lo necesario haremos mejor las cosas que se pueden hacer con menos."
Justo al poner el último punto y mientras la tinta aún estaba húmeda llamaron a la puerta. "M" se levantó y tras apurar los restos del segundo café del día se encaminó hacia el picaporte anclado en la gran pieza de nogal...
No hay comentarios:
Publicar un comentario